Convento de Cristo Patrimonio Mundial de UNESCO

En 1983 la UNESCO declaró monumento “Patrimonio de la Humanidad” una joya sin par de la historia de Occidente: el Castillo Templario y Convento de los Caballeros de Cristo de Tomar. Construido sobre un lugar de culto romano, este vasto conjunto monumental nos habla de siete siglos de la historia de Portugal y de grandes

En 1983 la UNESCO declaró monumento “Patrimonio de la Humanidad” una joya sin par de la historia de Occidente: el Castillo Templario y Convento de los Caballeros de Cristo de Tomar. Construido sobre un lugar de culto romano, este vasto conjunto monumental nos habla de siete siglos de la historia de Portugal y de grandes momentos de la historia de Occidente.

Afonso Henriques, nuestro primer rey, donó a los Caballeros del Templo de Jerusalén, una extensa región entre el Mondego y el Tajo. Cuenta la leyenda que los caballeros llegados a la región escogieron, por artes premonitorias, un monte para establecer un castillo y el nombre que le daríam: Tomar. Corría el año de 1160 y D. Gualdim Pais, Maestro Provincial de la Orden del Templo, lo mandó edificar y poblar.

En 1314, la Orden del templo fue exterminada a consecuencia de las persecuciones del rey de Francia, Felipe – el Hermoso. Gracias a la voluntad de D. Dinis, las personas, los bienes y los privilegios fueron totalmente integrados, en 1319, en una nueva orden – la Milicia de los Caballeros de Cristo. Los Templarios encontraron así en Portugal continuidad a su consagrada misión de Caballería. Exteriormente, la gran señal que distinguía esa diferencia residía en la cruz de la orden, que pasó a tener los brazos derechos en vez de los brazos curvilíneos de la cruz templaria.

La nueva Orden militar, con el Infante D. Henrique, apoyaría a la nación portuguesa en la empresa de los descubrimientos marítimos de los siglos XV y XVI. El Castillo de Tomar es en aquel entonces Convento y sede de la orden y el Infante Navegante su Gobernador y Administrador perpétuo. Este Maestro laico transformará a los caballeros en navegantes que tendrán la misión de expandir el Reino y la Fé, con los Descubrimientos. Por eso las caravelas llevarán en las velas la Cruz de los Caballeros de Cristo, que se expandirá en marcos de piedra por las siete partidas del mundo.

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