Água Formosa, conocida así por la pureza del agua que brota de su fuente, es tan relajante como el rumor del agua al correr.

Por eso ha atraído a tanta gente que, huyendo del estrés de las ciudades, encuentra aquí el paraíso. Con la recuperación de la aldea, bien visible en el puente peatonal sobre la Ribeira Galega, el número de habitantes ha aumentado considerablemente. Las huertas crecen y las casas de piedra se animan con sonidos cotidianos. Vale la pena visitarla y notar en el aire la afabilidad de los vecinos y cierto sentimiento de esperanza en esta ladera soleada a diez kilómetros del Centro Geodésico de Portugal. Atrévete a dar un paseo a pie por los Caminos de Esquisto de Água Formosa, que aprovechan los antiguos senderos de los molineros y agricultores junto a los cauces de la Galega y de la Valada, con un paisaje imponente, compuesto por bosque y afloramientos rocosos, que hacen olvidar todas las preocupaciones.